CONCLUSIÓN
Los Entornos Personales de Aprendizaje (PLE) y el modelo mobile
learning se articula en torno a una poderosa paradoja: la promesa de
un aprendizaje liberador choca constantemente con los requisitos de una madurez
digital y personal que el sistema educativo tradicional no siempre fomenta.
Vivir la experiencia de construir y gestionar un PLE en el
ecosistema mobile learning ha sido profundamente
transformador, pues materializa el principio de que el aprendizaje es personal,
situado y dinámico. La posibilidad de integrar herramientas, fuentes y
comunidades en cualquier momento y lugar, gracias a la movilidad, convierte el
mundo en un aula sin fronteras. Este modelo sitúa al aprendiz en el centro de
manera genuina, exigiendo y cultivando una autonomía esencial.
La afirmación de que los PLE pueden ser una herramienta para la inclusión
es cierta, pero está condicionada a un "si" enorme: si se
abordan las brechas digitales no solo de acceso, sino de uso crítico, y si se
fomenta una alfabetización digital que permita a las personas no solo consumir,
sino también crear y cuestionar la información.
El mobile learning, dentro de este PLE, no es simplemente
aprender con un dispositivo móvil. Es aprender en un flujo constante entre lo
formal y lo informal, donde una conversación entre docente y alumno en una red
social puede ser tan significativa como un texto académico. El docente ya no es
la única fuente de conocimiento, sino un guía, un curador y un facilitador que
ayuda a navegar en un océano de información. Esta redefinición exige una
flexibilidad pedagógica que muchas instituciones aún no están preparadas para
asumir.
Llego a la conclusión que el potencial transformador de los PLE y
el mobile learning es inmenso, pues nos obligan a
replantearnos no solo cómo aprendemos, sino también qué significa ser un
aprendiz en el siglo XXI. No se trata de una mera adopción tecnológica, sino de
un profundo cambio cultural hacia un aprendizaje continuo y autodirigido. Sin
embargo, este viaje hacia la autonomía debe emprenderse con una mirada crítica,
asegurándonos de que construimos no solo entornos personales de aprendizaje,
sino también entornos éticos y equitativos, donde la promesa de
empoderamiento sea una realidad alcanzable para todos, no solo para una minoría
preparada.

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